Para bien o para mal, hacer planes siempre acarrea repasar el cumplimiento de los anteriores. Por eso, proyectar prioridades para un nuevo año de lucha sindical, conlleva reconocer que mucho de lo que situábamos en primera línea de nuestras reivindicaciones hace 12 meses sigue pendiente. Y no podemos arrancar con otra que la de la salud laboral, porque en este tiempo, en Euskadi son al menos 25 las personas que han ido a trabajar para no volver nunca a casa. Debemos seguir apelando a la sociedad vasca a no normalizar que la siniestralidad laboral siga matando. Pero también debemos reivindicar soluciones y herramientas para combatirla, como la delegada o delegado territorial de prevención, que ya existe en nuestro entorno pero que se nos niega en Euskadi.
Y si hay otra realidad palpable en la sociedad vasca es la de la carestía de la vida, sangrante en algo tan básico como la vivienda, hasta el punto de que tener trabajo no es ya suficiente para vivir en parámetros de dignidad. Algo que contrasta con los récords de afiliación a la SS. Lo que nos lleva de nuevo a exigir un SMI vasco, pactado por convenio. Porque necesitamos recuperar sin demora el poder adquisitivo perdido, y los beneficios empresariales no dejan excusas para repartir mejor la riqueza.
Por último, pero no menor en importancia, sigue presente el reto de reducir la jornada laboral. Quedan dos años para que fracase estrepitosamente el vaticinio de Keynes, que afirmó que para 2028 apenas tendríamos que trabajar 15 horas a la semana gracias a los avances tecnológicos. Lamentablemente, todavía hay quien niega la rebaja del máximo legal a 37,5 horas. La lucha continúa.

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